Ruta Pascual junto al Padre Acosta - Primer Domingo de Cuaresma

Imagen tipo caricatura del Padre Acosta con un bastón y una Biblia en una ruta a la Gruta de la Navidad que emite ondas sonoras y al fondo la ciudad de Belén en donde se observa la Estrella de Navidad en el cielo
  Comentario del Primer Domingo de Cuaresma (Ciclo A). “Al Señor tu Dios adorarás y solamente a Él darás culto”. Jesús en el desierto nos invita a ofrecer toda nuestra vida a Dios. Para ello nos recuerda la importancia de purificar el corazón y dirigirlo al Padre.  

  El Papa León XIV nos ha pedido que en esta cuaresma meditemos los textos de la liturgia, tanto los que son la primera lectura del lunes al sábado o primera y segunda lectura los domingos y días solemnes de Fiesta, y el Evangelio. Allí escuchamos al Señor, allí escuchamos la revelación, la voz de Dios. En el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento leemos a los que han escrito movidos por el Espíritu Santo y en el Evangelio oímos a Jesucristo, sus palabras, sus hechos.

  Meditémonos, porque será la mejor manera de escuchar lo que Dios quiere decirnos a cada uno para que lleguemos a la Pascua convertido. Jesús quiere que todos nos acerquemos a él, que todos nos salvemos. No todos nos vamos a poder salvar, porque hace falta querer cumplir lo que Cristo nos ha enseñado, la ley del amor; saber amar a Dios con todo el corazón, al prójimo sin hacer excepción de personas y a uno mismo, pero debidamente, porque si no ponemos el orden en la caridad, Dios, los demás y yo, muy difícilmente podremos llegar al cielo. Es interesante que a lo largo de toda la Cuaresma se nos va a insistir en una virtud, la humildad, porque sin la humildad no hay ninguna virtud. Lo decía hasta el mismo Cervantes que sin la humildad no hay virtudes. Y es verdad, porque la soberbia es el peor pecado, y sin la humildad nos volvemos egoístas, nos olvidamos de todos los demás y estamos siempre centrados en nosotros mismos, yo, yo, yo; y eso es un desastre para la sociedad.

  Vamos a pedirle a la Virgen que nos enseñe, que nos ayude.

  Que así sea.

  Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración confiada del profeta: "el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; Él es quien nos ha de salvar". –Rézala devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de la Providencia, que nos gobierna para nuestro bien. (Surco, 855).


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