Ruta a la Navidad junto al Padre Acosta - Feliz Navidad

    Feliz Navidad y hoy vamos a unir dos de mis publicaciones relacionadas con la Navidad, la encarnación del Hijo de Dios, el nacimiento del Niño Jesús.
 
    24 de diciembre – Víspera de Navidad
    Ya nos encontramos en las Vísperas de Navidad, hoy 24 de diciembre les quiero resumir cuál tendría que ser nuestra actitud con una anécdota contada por el Papa Francisco que es una leyenda de cuando nació el Niño Jesús y dice: Cuando Jesús nació, los pastores corrían hacia la gruta llevando muchos regalos.  Cada uno llevaba lo que tenía, unos el fruto de su trabajo, otros algo de valor, pero mientras todos los pastores se esforzaban con generosidad en llevar lo mejor, había uno que no tenía nada, era muy pobre, no tenía nada que hacer.  Mientras los demás competían en presentar sus regalos, él se mantenía apartado, con vergüenza, y en un determinado momento, San José y la Virgen María se quedaron en dificultad para recibir todos los regalos, sobre todo María, que además estaba sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús, y entonces viendo a aquel pastor con las manos vacías, le pidió que se acercara, puso al Niño Jesús en sus manos, el pastor tomándolo, se dio cuenta de que había recibido lo que no se merecía, que tenía entre sus brazos del regalo más grande de la historia. Se miró las manos y esas manos, que le parecían siempre vacías, se habían convertido en la cuna de Dios.  Se sintió amado y superando la vergüenza, comenzó a mostrar a Jesús a los otros porque no podía solo quedarse para él regalo de los regalos.  Ese puede ser nuestro propósito, si nos parecen las manos vacías, si vemos que nuestro corazón está pobre de amor, que no hemos cuidado al Señor, acerquémonos a Él, el regalo de los regalos es ese, el amor que le tengamos a Jesús como el que Él nos tiene a nosotros. Pidámosle a la Virgen María que nos al Niño Jesús, para cargarlo en esta Navidad, que así sea.


    25 de diciembre – Navidad (Solemnidad de la Natividad del Señor)
    Hoy celebramos la Solemnidad de la Natividad del Señor y en este día de Navidad, quiero compartir con ustedes un poema de Gabriela Mistral, “Solo sé cómo se llama”, que se presenta como una reflexión espiritual:
Que si nació hoy,
que si nació ayer,
que si nació aquí,
que si nació allá.
 
Que si murió a los 33,
que si murió a los 36.
Que cuántos clavos,
que cuántos panes y pescados.
Que si eran reyes, que si eran magos.
Que si tenía hermanos,
que si no tenía.
Que dónde está, que cuándo vuelve.
 
Yo, lo único que sé es que…
 
A mí me tomó de la mano cuando más lo necesitaba.
Me enseñó a sonreír y a agradecer por las pequeñas cosas.
Me enseñó a llorar con fuerzas y a dejar ir.
Me enseñó a despertarme agradecido y a acostarme con la cabeza tranquila.
A caminar muy lento y sin preocupaciones.
 
Me enseñó a abrazar al que me necesita.
Me enseñó mucho, me enseñó todo.
Me enseñó a quererme con ganas.
A querer a quien está al lado y a darle la mano.
Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo,
a manera de mensajes y que, para escucharlo,
tengo que tener abierto el corazón.
 
Me enseñó que un “gracias” o un “perdón” lo pueden cambiar todo.
Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.
Me enseñó cuánto me ama a través de lo que yo amo a mi familia.
Me enseñó que los milagros si existen.
 
Me enseñó que si yo no perdono, soy yo el que se queda prisionero, y para perdonar primero tengo que perdonarme.
Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien,
pero que actúe bien a pesar de todo.
 
Me enseñó a confiar en mí y a levantar la voz frente a la injusticia.
Me enseñó a buscarlo adentro y no afuera.
Me dejó que me aleje, sin enojarse;
que salga a conocer la vida;
a equivocarme y a aprender.
Y me siguió queriendo, cuidando y esperando.
Me enseñó que sólo vengo por un tiempo,
y sólo ocupo un lugar pequeño.
Y me pidió que sea feliz y viva en paz,
que me esfuerce cada día en ser mejor
y en compartir Su luz conociendo mi sombra,
que disfrute, que goce, que ría, que llore y que valore,
que Él SIEMPRE va a estar conmigo…
que aunque dude y tenga miedo, confíe,
ya que esa es la fe, confiar en Él a pesar de mí…
 
Gracias, Jesús, por estar en mi vida y enseñarme a vivirla.
Celebro que llegó a mi vida y que, si se lo permito, ¡vuelve a nacer en mi corazón!
 
    Que así sea.
    Feliz Navidad


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